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BUSCANDO ADEPTOS PARA UNA CAMPAÑA

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La imagen que acompaña a este texto es más bien circunstancial y está ahí porque hace referencia a una campaña y porque es graciosa. Fue obtenida de aquí.

Lo que quería comentar es un simple pensamiento. Al fin y al cabo este blog, como ya dije en su primera semana de vida, debía servirme para dedicar parte de mi tiempo al pensamiento, a la reflexión y también, todo sea dicho, al sentido del humor. Siempre es bueno tener motivos para reírte un rato y las entradas del blog se prestan muy bien para hacer algo divertido.

El pensamiento en cuestión trata de las campañas, lo tengo por ahí rondando desde hace tiempo. A la que yo me refiero, sin embargo, es a la de los terroristas anti-occidentales o anti-estadounidenses, como cada cual prefiera. La historia es la siguiente: imaginemos que un tal Bin-Laden y sus allegados desean comenzar una campaña anti-EEUU. Necesita un motivo por el que la gente quiera protestar y necesita también un amplio grupo de personas a las que pueda llegarle el mensaje para que se adhieran al movimiento. Cuando nosotros queremos llamar la atención sobre un problema, venimos a hacer algo similar, es decir, pensar un motivo con el que la gente quiera identificarse y después plantearlo de tal forma que llegue al mayor número posible de personas. Estos pasos son los que se siguen cuando el objetivo de la campaña es grande o indefinido y no se puede concertar un punto concreto sobre el que presionar. Volviendo al tema del terrorismo, el motivo sería el imperialismo occidental que esquilma de recursos sus tierras y ahora habría que determinar a quién dirigir la campaña. Podría dirigirse, por ejemplo, a todos aquellos que tienen petroleo en sus tierras. Quizá no, muy pocos cumplen esa condición. Podría orientarse a todos aquellos que han sufrido algún tipo de abuso por parte de un particular o empresa occidental. Tampoco, no se conseguirían suficientes adeptos. Podría extenderse entre todos los miembros de una región, eso podría ser más adecuado. Pero yendo más lejos, podría expandirse esas ideas entre la comunidad islámica. Y ahí es donde nos quedamos. La comunidad islámica es enorme, vasta, hasta el punto de convertirse en el entorno perfecto para recibir cualquier tipo de campaña, de cualquier naturaleza pero suscrita en nombre de su religión. Es ridículo enviar un mensaje de protesta a una comunidad más pequeña cuando con unos pocos arreglos de ese mensaje se puede conseguir su extensión por un grupo aún mayor. Por tanto, cualquier campaña emprendida por un habitante de territorio árabe se tratará de difundir como un mensaje islamista, sin importar su verdadera naturaleza.

Es entonces cuando las consecuencias de ese mensaje nos llegan aquí, hasta nosotros. Y es cuando hay que pararse a pensar, ¿tiene el islamismo algo que ver con ella? Seguramente NO. Porque cualquier mensaje expendido por un violento en oriente tendrá como objetivo evidente el islamismo, que es el grupo más grande al que puede hacer referencia. Conformarse con menos sería una estupidez. Pensando con más sentido común, a la gran mayoría de los islamistas ni les va ni les viene todo esto del terrorismo. Esas personas no suelen dedicar su tiempo a odiar a los occidentales, sino a tratar de solucionar sus propios asuntos, del mismo modo que nosotros no estamos todo el día pensando en el terrorismo, sino que estamos atentos a nuestros problemas: nos tenemos que cortar el pelo, hay que ir a comprar la comida, quiero ir a la playa, un aumento de sueldo, reírme hoy un rato o cualquier otra historia, realmente en el terrorismo pensamos únicamente porque vemos televisión.

Hay un segundo punto en esta reflexión y tiene que ver con la reacción de aquellos occidentales que también desean hacer campaña contra oriente. Volvemos a lo mismo, salvo que invirtiendo los protagonistas. Ahora algunos occidentales quieren extender un mensaje entre sus gentes y para conseguir su éxito tienen que hacer que el mayor número posible de personas se sienta conmovido por él. El resultado: hay que hacer sentir a la población atacada, hay que hacerla sentir en peligro, hay que aterrorizarla.

La realidad es por tanto que nos encontramos ante dos campañas nutridas, ambas, por el terror. Los orientales que la extienden allí son terroristas. Los occidentales que la extienden aquí son terroristas. El verdadero motivo de los organizadores de estas campañas ya lo sabemos todos: obtener poder, expandir su dominio, sacar ventaja para ellos como representantes de sus culturas. Y no sólo fuera de las propias fronteras, sino también dentro. Así que si toda esta locura no es sino una campaña, lo lógico es pensar si vale la pena o no adherirse a ella, si hay que seguirla o si hay que pedir su fin. Yo me apunto a la segunda opción.
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2 comentarios

Luis Muiño -

Muy interesante...y, además, conecta con algo que me ocurre continuamente en mi curro. Leyendo a Marvin Harris, el antropólogo, empecé a cuestionarme el respeto transcultural. Él lo plantea más o menos así: cuando aceptamos ciertas prácticas culturales por respeto a esa sociedad (machismo, clasismo, racismo...), ¿no estamos acatando el poder de una minoría en esa sociedad?¿seguro que "la sociedad islámica" acepta el sexismo?¿seguro que el sistema de castas es parte de "la cultura hindú"?¿hay que tolerar algo que, en realidad, sólo defienden el 1% de los ciudadanos de esa sociedad, simplemente porque ellos son poderosos y lo han impuesto?.

nemomemini -

En cualquier proceso se da un esquema similar. Grupos de poder minoritarios, con intereses oscuros, enfrentándose entre sí para obtener poder y dominio, intentando arrastrar en su locura a sectores más amplios y silenciando a aquellos que disienten o no se dejan llevar. Para ello vale todo y la manipulación, la intoxicación informativa y la mentira son armas poderosas.

No nos engañemos, el mecanismo funciona igual siempre, se trate de lo que se trate. La cuestión es si sabemos ver esto o no, si nos quedamos en la superficie y nos dejamos arrastrar o, por el contrario, optamos por desenmascarar toda falacia con tintes de verosimilitud que oculte esos oscuros intereses.
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